EL CHAMPAGNE ROSADO, AUTENTICIDAD Y DIVERSIDAD

El champagne en versión “rosé” nos permite disfrutar de unos vinos auténticos dentro de la diversidad, uno de los máximos potenciales que la Champagne puede ofrecernos a través de todos sus vinos efervescentes. A pesar de que solamente representan un 9,4% de los más de 300 millones de botellas que se expiden cada año, cada vez van aumentando más su cuota de mercado. En el caso concreto de España, el champagne rosado tiene cada vez más adeptos entre los consumidores.

El color rosa es un color relajante que influye en los sentimientos invitándolos a ser amables, suaves y profundos, e induciéndonos de esta forma a sentir cariño, amor y protección. Las palabras claves que se asocian con el rosa son inocencia, amor, entrega y generosidad. Si a ello añadimos que el champagne tiene esa entrañable relación con todos estos nobles sentimientos y valores del ser humano, el rosado alcanza un mayor relieve.

El champagne “rosé” tiene su origen histórico en el «Œil de perdrix» (ojo de perdiz), un vino rosado producido en Suiza, cuyo origen se remonta a la Edad Media en la región de Champagne, desde donde se extendió al Cantón de Neuchâtel en Suiza, donde se convertiría en un popular rosado seco elaborado con la pinot noir. El «Œil de perdrix» debe su nombre al color rosa pálido del ojo de una perdiz en agonía.

En Champagne se permite elaborar el rosado mediante el “assemblage” (ensamblaje) o el “saignée” (sangrado o de maceración). El “assemblage” consiste en mezclar vinos tranquilos elaborados en blanco, a la que en el momento del tiraje se añade normalmente un 8% de vino tinto tranquilo. El rosado de “saignée” se obtiene mediante la maceración del mosto procedente de uvas tintas a las que en algunos casos se añaden uvas blancas, durante unas horas, hasta que el mosto adquiere la tonalidad que busca el elaborador.

El champagne rosado comienza a resurgir a finales de los años 1970. Se atribuye a Ruinart, la primera casa de champagne fundada en 1729, la elaboración y comercialización de las primeras botellas de rosado en 1764. Laurent-Perrier fue la primera gran casa en elaborar champagne a través del método de sangrado o maceración.

La mayor parte de rosado de “assemblage” lo elaboran las grandes casas, mientras quienes más champagne rosado de maceración producen son los pequeños productores.

La diversidad del rosado en la Champagne nos permite disfrutar desde vinos elegantes, finos y suaves que en cata a ciegas podríamos confundir con blancos con más potencia de aromas y sabores de fruta roja, hasta vinos con más estructura y corpulencia capaces de acompañar en gastronomía platos más consistentes. Y es que tanto en el caso particular de los rosados como en el del champagne en general, siempre entraremos uno para cada momento.