CUANDO EL SOL SE OCULTA APARECEN LAS ESTRELLAS QUE ENCIERRA EL CHAMPAGNE… PERO MAÑANA VOLVERÁ A SALIR EL SOL.

El titular de este artículo me viene directamente de cómo han definido una de las fotos que pedí a la familia Pierre Mignon, cuando les solicité una imagen para ilustrar este artículo: “Famille coucher de soleil” (Familia puesta de sol). Me ha tocado el corazón relacionar las palabras familia/puesta de sol.

Porque la familia es la familia. Y una puesta de sol es cuando aparecen las estrellas en el cielo, es cuando la vida se apaga por la oscuridad para, después de la oscuridad, volver a renacer, milagro de la vida! Y los Mignon son una gran familia unidos en el pasado y el futuro.

La ‘maison’ Pierre Mignon está situada en La Breuil, en el suroeste del Valle del Marne, en un bello paraje en el que un bonito mosaico de parcelas de viñedos queda rodeado por varios bosques. Después de cinco generaciones, la familia Mignon ha heredado un ‘savoir faire’, actualmente expresado a través de Pierre Mignon y su esposa Yveline, así como sus dos hijos, Céline al frente del marketing y la exportación y Jean-Charles responsable de los viñedos y la bodega.

Cuentan con 15 hectáreas de un viñedo que queda repartido entre el Valle del Marne, la Côte des Blancs y el entorno de Epernay, siendo la casta meunier la mayoritaria en sus propiedades (60%), que completan la chardonnay (30%), y algunas parcelas de pinot noir que cubren el 10% restante de la explotación. Cada uno de los terruños imprime un carácter especial a todos los champanes que elabora Pierre Mignon, aunque el hecho de contar con mayor número de viñas de meunier hace que esta sea la que confiere a la casa una personalidad especial.

De las 35.000 botellas que elaboraba Pierre Mignon a principios de los años 70, se ha pasado lenta y progresivamente a las casi 400.000 botellas actuales, de las que el 30% se destinan a la exportación.

El champagne básico es el Grande Réserve (80% meunier, 10% chardonnay y 10% pinot noir), en el que destaca la fruta del meunier, como en el caso del Brut Prestige, el producto emblemático de Pierre Mignon (55% meunier, 35% chardonnay y 10% pinot noir), en el que esa fruta crea una buena alianza con la vivacidad y la elegancia del chardonnay. Después tienen la Cuvée Pure Zéro Dosage, con el mismo ‘assemblage’ pero sin licor de expedición tal como indica el nombre, lo que le permite exprimir todos sus aromas. Le sigue la Cuvée Madame Millésime, de la que tuve oportunidad de degustar la añada 2005, un vino rico en nariz, donde desarrolla una gran complejidad aromática, amplio y potente en boca. Finalmente el Harmonie de Blancs, 100% chardonnay y ‘millésime’, cuenta con la complejidad aromática con notas de especias, frutos secos y pastelería de los grandes Blanc de Blancs.

Finalmente elaboran dos rosados, el Brut Rosé, con un 70% de meunier repartiéndose el 30% restante entre las otras dos variedades de la Champagne y el Brut Prestige Rosé de Saignée (65% meunier, 20% chardonnay y 15% meunier), éste último obtenido mediante maceración, con lo que Pierre Mignon ofrece champagne rosado mediante los dos sistemas de elaboración.

En aquel primer encuentro con la familia Mignon, después de almorzar la típica ‘potée champenoise’ con la familia Mignon, Pierre se ofreció a acompañarme a mi siguiente cita en Bouzy. Desde entonces mantenemos buena amistad y nos vemos de vez en cuando para compartir una copa de champagne, en este caso casi siempre su Cuvée Pure Zéro Dosage, un vino que se expresa con pureza y con carácter.

Aunque de entre sus champagnes, aun siendo un maestro de la meunier, me apasiona su Blanc de Blancs Grand Cru. Un champagne ideal para disfrutar cuando cae el sol y aparecen las estrellas que iluminan nuestras vidas.