BOLLINGER, CUANDO LO EXTRAORDINARIO SE CONVIERTE EN MÁGICO

Bollinger. Palabras mayores. Recuerdos inolvidables de las numerosas visitas a esta mítica “maison” ubicada en Ay, ese Grand Cru histórico donde confluyen el Valle del Marne, la Côte des Blancs y la Montaña de Reims.

Recuerdos de mi gran amigo Maximiliano Bao, miembro del comité de cata de la Guía Melendo del Champagne, pero ante todo maestro y amigo, con quien he compartido alguna botella de Bollinger R.D. 2002, tanto en Falset como en la Champagne. O la botella de la misma marca y añada que compartí con Michael Edwards, para mí el mejor experto en Champagne del mundo, un británico septuagenario quien por su profesión y su amor por este maravilloso vino efervescente ha hacho tanto por él.

También mi recuerdo a Ghislain de Montgolfier, expresidente de Champagne Bollinger, buena persona y un hombre muy campechano, quien además fue muchos años copresidente del Comité Champagne (CIVC).

Y ahora vamos a por el tema. Bollinger La Grande Année 2008. Muchas gracias al buen amigo Pelayo de la Mata, presidente del Grupo Varma, Marqués de Vargas, y una persona que me dio trabajo en su empresa, y a Omar Bravo, Brand Ambassador de Bollinger-Ayala en España, un enorme experto y conocedor del champagne, recibí días atrás una botella.

71% de pinot noir, 29% de chardonnay, 18 municipios, mayoritariamente Aÿ y Verzenay para el pinot noir, y Le Mesnil-sur-Oger y Cramant para el chardonnay.

El vino, en su totalidad, fermentó en barricas de roble. Sólo se elabora en cosechas de muy alta calidad, la de 2008 está asociada a una remarcable maduración de las uvas asociada a una excepcional acidez que le confiere una infinitita profundidad. Envejecido con tapón de corcho, el licor de expedición se limita a 8 gramos de azúcar por litro.

A menudo no nos damos cuenta del valor de las cosas hasta que ya las hemos perdido, cuando miramos atrás y pensamos en todo lo que podríamos tener y ya no tenemos. Esto es muy habitual que suceda con el tiempo. Malgastamos nuestros días, nuestras horas y nuestros momentos en tonterías o sin prestar atención y, cuando se acaban, deseamos con toda nuestra fuerza poder volver atrás.

Pero el tiempo no se detiene y volver atrás es imposible. La única solución es tomar consciencia de que el tiempo se escurre a cada instante y que hay que aprovecharlo al máximo.

Una copa de Bollinger La Grande Année 2008, te permite que se pare el reloj y detener el paso del tiempo.